Vol. XXII. Los trazos de la angustia

Angustia

«[...] escribir

para ahuyentar la angustia que describe

sus círculos de cóndor

sobre la mesa»

Chantal Maillard, Matar a Platón 

 

La caída libre desde el paracaídas de la euforia no pudo más que llegar a la angustia. Forma de inhibición activa, la ansiedad tensa nuestros músculos y logra encorvarnos, reducirnos. Buscamos ahora las antípodas de la euforia. En el volumen XXII de Periplo quisimos encontrar la angustia como una alcoba de la creación, como un posicionamiento desde el cual leer y proyectar el mundo. También el ensamblaje corporal que subyace a una emoción fundamentada en el desequilibrio acorralante que posee o produce una escapatoria introspectiva, personal.

El individuo es el epicentro de la angustia. Pero ¿a dónde conduce esta forma de ansiedad? Examinar los caminos que adquiere la angustia corporeizada cuando se procesa a través del pensamiento y la creación fue el objetivo central de este volumen.  Para examinar la geometría de la angustia intentamos desde el ensayo sacar una radiografía a esta emoción que tan cotidianamente colapsa nuestro sistema nervioso. En el esfuerzo por detectar las formas y rutas que adquiere la angustia logramos esbozar sus trazos: Paul Celan y su dialéctica con Arnold Schoenberg, o los intersticios desde Virginia Woolf —maestra de la angustia— hasta Erwin Schrödinger, pasando por Edvard Munch. Les ofrecemos aquí una serie de pistas conceptuales y perceptivas que conlleva este padecimiento, en ocasiones profundamente patológico y en ocasiones —quizá por ello mismo— cortina de lo sublime. Todo esto, sin olvidar en el camino la angustia del amor, esa inquietud vigente en todo descubrimiento humano que atraviesa y desestabiliza el sueño en nuestra cama y el hambre en nuestra mesa al mediodía. Proponemos un número para sudar frío.

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