Año II. Volumen VII. Febrero 2011. Ficciones

Germán DottaZarpa el primer barco del año. Decíamos en el número anterior que el hedonismo, a veces, nos engaña. Y que dentro de ese estado anímico, que roza lo onírico y lo existencial, nos creíamos capaces de volar. Hoy, eso será posible. La ficción tendrá su fiesta y el placer, con todas sus caras y sus nombres, está invitado. PERIPLO estrena su séptimo volumen cruzando el puente del hedonismo para llegar al de la ficción, ese puerto donde todo es posible.

El abordaje de este concepto no implica una reivindicación de lo falso, sino una cabal demostración del doble juego entre lo empírico y lo imaginario que complejiza el universo de las narraciones. Toda obra de ficción selecciona y elabora determinados ángulos de la realidad. Y aunque, a priori, parezca un viaje de libertades infinitas, no será así. Los límites semánticos estarán dados por las leyes de la verosimilitud, esas normas internas que regirán el mundo que decidamos crear. Eso que se cuenta debe parecer verdadero, sonar creíble. Debe aludir a un microclima que otros comparten, en el que otros se reconocen.

Como señaló el escritor argentino Juan José Saer en El concepto de la ficción: “La paradoja propia de la ficción reside en que, si recurre a lo falso, lo hace para aumentar su credibilidad. La masa fangosa de lo empírico y de lo imaginario, que otros tienen la ilusión de fraccionar a piacere en rebanadas de verdad y falsedad, no le deja, al autor de ficciones, más que una posibilidad: sumergirse en ella”. Y allí vamos. En este viaje subiremos a los artistas, fotógrafos, poetas y escritores a que exploren los rincones de esa otra realidad que es invisible hasta que nos apropiamos de ella. De Homero a Beckett, pasando por Bernhard y Borges la humanidad escogió diferentes géneros y creó su propio universo de relaciones, amores, odios, traiciones y fantasías. PERIPLO les pide permiso y los invita a recorre juntos este trayecto: cualquier semejanza con la realidad, es mera ficción.

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