Las plumas de eros

Elisa_Macellari_Quimica

El poeta francés Bernard Noël le da el nombre de «Les plumes d’Éros» a uno de los volúmenes que reúne su obra completa. En Periplo hemos tomado prestado este título para inaugurar el trayecto más arriesgado de su historia, el definitivo, el último: el periplo del amor. Tras un año de vértigo emocional en el que hemos atravesado las brumas de la angustia y la lluvia de la euforia, para llegar a la ataraxia, culminamos el trayecto en el ardiente núcleo de la experiencia amorosa. En este puerto vigésimo cuarto, después de cuatro años de andadura, Periplo leva anclas.

Estamos felices de compartir con ustedes lo que esperamos sea la clausura más afortunada de un proyecto que le debe todo a sus seguidores, a los pasivos tanto como a los más implicados, a ustedes que nos han alentado y definido, les dedicamos el más emotivo de nuestros esfuerzos creativos e intelectuales. Esta publicación comenzó en 2010 a arrojar intuiciones de un grupo de jóvenes artistas y escritores sobre el mundo; a lo largo de los últimos años algunas de ellas se han verificado y la mayoría han sido desmentidas por nuevas y más potentes percepciones. La ruta ha sido para nosotros un genuino «descubrirse en el camino», minado de las más bellas sorpresas y los retos más imprevisibles.

¿Por qué levar anclas ahora? Para buscar el fondo. La necesidad de explorar nuevos códigos, nuevas vías de acceso a la realidad y a nosotros mismos, es inherente al pulso mismo de la creación. Periplo ha constituido un canal de confluencias artísticas extraordinariamente plural y multiforme, y ha llegado a un punto de anhelo de interior, de búsqueda de las profundidades del agua que ha surcado. Es, pues, la necesidad de creación —y no su ausencia— lo que detiene por ahora a esta tripulación, para buscar nuevas modalidades de expresión. Pero en este tiempo Periplo ha dejado testimonio de una evolución creativa e intelectual de orden colectivo que se ha nutrido de la fuerza de decenas de mentes a las que les estamos profundamente agradecidas por haber aportado su talento al desarrollo de un proyecto cultural humanista que ahora se detiene, pero no se diluye. Este testimonio será el trazo al que muchos miren después para detectar sus propios orígenes creativos.

Les presentamos aquí un volumen especial que aspira a cruzar todas las fronteras del que quizás sea el suceso más trascendente de la existencia: el amor. Y para ello hemos tocado las puertas de todos nuestros camarotes y hemos llenado de tinta los escritorios de nuestro Equipo de Redacción, que da la cara aquí y se pone a escribir incluso encima del astillero. En este acercamiento teórico-creativo confluyen todas las mutaciones humanas que han sido atravesadas a lo largo de nuestra larga travesía: descubrimos un día que el amor lo incluía todo y, como Bernard Noël, concluimos nuestro periplo en su ático, el más arriesgado, el definitivo, el último: el puerto del amor.

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