Año IV. Vol. XXI. Junio 2013. Euphoria

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La euforia es el volumen en el que habla nuestra época. Termómetro de una forma de estar en el mundo, esta emoción gobierna nuestro modo de sentir y percibir el presente inmediato del espacio. Después de la agitación impuesta por la descarga de la ira quisimos ponernos esta vez en tesitura extasiante para acercarnos a las nociones artístico-filosóficas de la euforia. En su modalidad entusiasta y vehemente, este estado mental profundamente ambivalente llega a ser procedimiento de fuga y evasión, o de estatus privilegiado de consciencia desde el cual se hacen operativas nuevas propuestas de pensamiento y creación. Nos interesa la euforia como emoción, como movimiento y alteración interna experimentada en todas las edades del cuerpo.

La euforia es explosiva e implosiva. Por eso abordamos la euforia como un suceso colectivo del  humano cuando se ve arrollado junto a otros por un entusiasmo común, masificado. Y también una noción más íntima y privada: el éxtasis. Ya sea en la discoteca, el estadio o la cama, la euforia nos consume y nos define simultáneamente. La euforia persiste desde la mitología clásica hasta los más recientes videojuegos, encontramos la agitación más sensible en los estímulos más explosivos pero también en aquellos más sutiles y capaces de conmocionarnos; así, Ramón G. Ortega ofrece una captura del cuerpo extásico al contacto con el agua.

En este número revisamos formas actualizadas de la euforia, como aquella al rededor del matrimonio homosexual o bien esa otra que interfiere al comerciar con arte. También  asaltamos al escritor Fernando Iwasaki para que nos desentrañase los ritos eufóricos de la narración en la cocina de la escritura. Desde la vida ondulante de Oscar Wilde hasta la euforia shakesperiana se teje una sensibilidad en la cultura que gira en torno a las emociones explosivas. Inmersos en el epicentro de este éxtasis narrativo, este volumen ahonda en los sistemas filosóficos que se despliegan de la euforia tanto como en sus producciones pictóricas, plásticas y literarias, pero delimitando una frontera con el caleidoscopio del delirio. He aquí un número explosivo.

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